Muy a menudo una siente que está sola. Puedes estar rodeada de un montón de personas y sentirte sola. Seguro que alguna vez en vuestras vidas lo habéis sentido (si tengo lectores muy jovencitos, eso es... menores de 30, que lo dudo, puede que no les haya dado tiempo).
Y no me asusta la soledad, ya no. Sufría durante mi adolescencia y juventud cuando no tenía nadie con quién salir. Después, con el tiempo (como decía otro post mío con un escrito de Borges), aprendí a que no hay que dejar de hacer las cosas que apetecen por no tener alguien al lado. Ojo, esto no implica una pareja. Pero te vas a haciendo mayor y las amistades también tienen sus vidas, sus obligaciones, sus caminos...
Y claro, aunque les quieres, aunque sabes que estás y estarán si les necesitas, a diario no vas a estar dando la tabarra con tus pavadas mentales.
Sé estar sola y a menudo busco mi soledad, pero eso no impide que tenga una linda cabecita, que no se apaga más que para dormir la siesta (bendito invento español!), y muchos sentimientos, emociones y pensamientos... que no puedo contárselos más que... a mis gatos. Y la verdad... aunque lo he intentado, acaban mirándome como... vale, mami, hace una latita?.
Así que aunque mi amiga Marta me escriba un mail en relación a este blog que reza así:
Teresa, no se como sacas tiempo para tantas cositas.
Tengo ganas de verte.
no es cuestión de tiempo para hacer un blog, es cuestión de canalizar lo que se me pasa por la cabeza y darle salida. Una vez leí que las mujeres necesitamos gastar 22.000 palabras al día para estar más o menos a gusto (esto lejos de ser un mal chiste machista, es el resultado de una investigación de psicólogos) y no cuentan las del curro. Cuentan las que salen de charlar, dialogar, discutir (la gente asocia esta palabra a algo negativo y yo sigo asociándolo a un intercambio de opiniones que rayaría en la dialéctica).
Así que Marta, ahora responderé tu mail que tenemos que hacernos un chino de esos que nos molan, para eso es para lo que hay que buscar tiempo...pero yo... yo tengo que hablar... aunque sea por escrito.
PD: a lo mejor ella no se acuerda, pero Marta fue la amiga que un día me dijo qué era vivir despeinada
PD: a lo mejor ella no se acuerda, pero Marta fue la amiga que un día me dijo qué era vivir despeinada
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